miércoles, 18 de noviembre de 2009

La familia jurídica, Una confrontación inevitable

Saliendonos un poco del ambito fiscal quisiera publicar lo siguiente y que concierne al ambito legal.


Como podran saber algunos, el Colegio de Abogados de Mexicali presento una denuncia ante el Consejo de la Judicatura Federal http://www.oem.com.mx/lavozdelafrontera/notas/n1399136.htm lo anterior suscito una serie de comentarios y divisiones de criterios a lo que el Licenciado Daniel Solorio hizo la siguiente publicacion que me gustaria compartir con ustedes:

La familia jurídica, Una confrontación inevitable


1. Introducción.-


En esta tierra inhóspita alimentada más por el rumor que por la palabra clara, el inquietante “Punto Norte” de Antonio Magaña es un referente confiable, buscado, leído por tirios y troyanos. Pero infalible no es. Su reciente columna “Denuncia coyotera” yerra al minimizar la denuncia del Colegio de Abogados de Mexicali. Por no ser cosa trivial intentaré algunas precisiones.


2. Denuncia de interés público.-


Influido quizá por mis colegas penalistas (poco reflexivos ellos ) Magaña dice que sin pruebas anexas la denuncia del Colegio es cosa de mitoteros. Se equivoca esta vez. Lleva la firma del presidente José Luis Huape y cuatro consejeros (Cervantes, Postlethwaite, Castellanos y Solorio) y fue recibida por el Consejo de la Judicatura Federal, autoridad que tiene el deber inexcusable de investigar los hechos que interesan a la sociedad por dañar la confiabilidad del sistema de justicia. Y los colegios de abogados deben actuar en salvaguarda de ese interés.

3. La prueba de los hechos.-

Son hechos refractarios a la prueba directa. No pueden ser probados como en un proceso ordinario. La denuncia afirma que se dictan sentencias inducidas por malas artes y cualquiera sabe que eso no deja huella fácilmente detectable en las actas. Son hechos complejos que requieren ser investigados por medios indirectos y para eso existe el Consejo de la Judicatura. Para garantizar la imparcialidad, la veracidad, la honestidad del sistema judicial. El Colegio le pide que venga, que vea, que pregunte aquí y allá y saque sus propias conclusiones.

4. Jueces y abogados.-

Ningún abogado disfruta poner en entredicho a sus jueces. Todos procuramos cordialidad y entendimiento. Nos necesitamos recíprocamente. Sin abogados competentes y honestos no hay juez que sirva y sin jueces honorables y capaces no hay abogado que valga la pena. Nos une un invisible cordón umbilical. Somos una familia, a veces malavenida pero familia al fin. Por eso aun en las crisis mantenemos códigos de comunicación. Cuando el sinuoso y reptante lenguaje de la ley es insuficiente podemos acudir al Consejo de la Judicatura. Para eso el pueblo le paga.

5. Confrontación inevitable.-

Cuando hay violaciones sistemáticas (de unos o de otros) a nuestro pacto implícito la confrontación es inevitable. Si unos u otros desdeñamos las reglas del juego para ir por la vía corta, por el camino de la ilicitud, brotan sentencias raras, dogmáticas. Con pocos argumentos o torcidos. Distantes de las constancias procesales. Sentencias desconcertantes, redactadas en un lenguaje evasivo, resbaloso, grasiento. Sentencias que roban el sueño a quien intenta descifrarlas. Y nuestros clientes sufren. Su fortuna (grande o chica), su libertad, su vida, se van por el caño de los intereses sucios sin más huella que esas sentencias extravagantes. Y los abogados sólo balbuceamos a nuestros clientes que “…Son los criterios de los magistrados…”, tal como sugieren, oficiosos, los irreflexivos penalistas que preside mi apreciado colega Antonio Orenday. Viene ocurriendo a ciencia y paciencia de los abogados. Bajo esa inerte “comprensión” tan similar a la complicidad silenciosa. Nadie quiere confrontarse con quien tiene el temible poder de juzgar en definitiva. Por eso preferimos adularlos. Nunca te pelees con la cocinera, reza el viejo refrán. ¡¡¡... Pero es que… caray… hay cada cocinera...!!!

6.- Los enojos no valen.-

Al tiempo los enojos se acumulan, se tornan exigentes y los colegios abren sus oídos al estruendo que pulula de boca en boca. La familia jurídica es rebasada y cuando eso ocurre el Consejo de la Judicatura no debiera regatear su intervención. Que venga, que indague y ponga a cada quien en su lugar. Que deje a salvo los prestigios injustamente señalados. Eso pide el Colegio de Abogados. Eso hace falta, amigos magistrados, amigos abogados, amigos jueces. Por eso me cuesta trabajo entender a mis amigos penalistas. Los veo muy oficiosos.

Daniel Solorio Ramírez, profesor UABC, danielsr21@hotmail.com, nov-15-09

No hay comentarios: